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¿Es la Cena del Señor algo opcional para el creyente?

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Tres puntos de la teología reformada acerca del bautismo y la Cena del Señor

El primer punto claramente enseñado en los Símbolos de la Iglesia Reformada es que los sacramentos son verdaderos medios de la gracia, esto es, medios señalados y empleados por Cristo para comunicar los beneficios de Su redención a Su pueblo. No son, como enseñan los Romanistas, los canales exclusivos; pero son canales. La palabra gracia, cuando hablamos de los medios de gracia, incluye tres cosas:
1. Un don inmerecido, como la remisión del pecado.
2. La influencia sobrenatural del Espíritu Santo.
3. Los efectos subjetivos de aquella influencia sobre el alma. La fe, la esperanza y la caridad, por ejemplo, son gracias.

El segundo punto en la doctrina Reformada acerca de los sacramentos trata de la fuente de su poder. Acerca de esto se enseña en sentido negativo que el poder no reside en ellos. Lo que se niega es que los sacramentos sean la causa eficiente de los efectos de gracia que producen. La eficiencia no reside en los elementos, en el agua empleada en el bautismo, ni en el pan y vino empleados en la Cena del Señor. No reside en las acciones sacramentales, ni en dar ni en recibir los elementos consagrados. Tampoco el poder o eficiencia debida a los sacramentos reside en, ni fluye de la persona por quien son administrados. No reside en su oficio. No hay poder sobrenatural en el hombre, en virtud de su oficio, para hacer que los sacramentos sean eficaces. Tampoco depende la eficiencia de los mismos del carácter del administrador delante de Dios, ni en la intención del mismo, esto es, en su propósito para hacerlos efectivos. El hombre que administra los sacramentos no es un obrador de milagroso . La declaración afirmativa acerca de esta cuestión es que la eficacia de los sacramentos se debe sólo a la bendición de Cristo y a la operación de Su Espíritu. El Espíritu, como debemos siempre recordar, es un agente personal que obra cuando y como Él quiere. Dios ha prometido que Su Espíritu asistirá a Su Palabra; y así ella convierte en un medio eficaz para la santificación de Su pueblo. De la misma manera Él ha prometido hacer efectivos los sacramentos para el mismo fin, por medio de la operación de asistencia de Su Espíritu.

El tercer punto incluido en la doctrina Reformada es que los sacramentos son efectivos como medio de gracia sólo para aquellos que los reciben por fe, por lo que respecta a los adultos. Puede que tengan un poder natural sobre otros además de sobre los creyentes como medio de presentar la verdad y de excitar los sentimientos, pero su influencia salvadora o santificadora es experimentada sólo por los creyentes.

Charles Hodge - Teología Sistemática - Libro II - Capítulo XX

Comentarios:

Hoy el concepto bíblico de la Cena del Señor es casi un gran «desconocido» para el cristiano evangélico. Al tenerse en poco la membresía de la iglesia la gente tiende a pensar en la iglesia como en un club social que se frecuenta. Piensan que el mandamiento de Cristo, respecto a la Cena, «haced esto en memoria de mí» (Lucas 22:19) es un opcional en sus vidas el cual pueden postergarlo indefinidamente o participar de él cuando quede cómodo. Según la Biblia, «la mesa del Señor» es el gran escenario de examen de los creyentes: «Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa.» (1Co 11:28 ). Sin embargo muchas personas que dice ser cristianas no se inmutan por alejarse de las reuniones de la iglesia y por ende de la Cena del Señor, total, dicen: «puedo tener comunión con Dios en casa«. Pensar así, es rechazar el plan de Dios para la adoración corporativa de su iglesia, y no hay tan bendición de Dios cuando se rechaza lo establecido claramente en su Palabra. La persona se autoengaña cuando piensa que puede llevar un cristianismo de esta forma. Es para preguntarse que si la persona que tiene en poco este medio de gracia de Cristo para su iglesia… realmente alguna vez haya conocido la gracia en Cristo.

¿Como se puede pretender tener a Cristo y al mismo tiempo rechazar lo que Él dice en su Palabra?


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¿Cuál es la diferencia entre ser un «asistente» o un «miembro» de una iglesia?

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Al mundo actual le gustan las actividades pero no la institución; motivo por el cual cada vea viven más personas juntas sin casarse.  Sin lugar a duda, las cosas se están poniendo cada vez más feas. Por otra parte, mucha gente escoge la actividad pero no la institución porque han visto que sus padres —o abuelos— siguen atados y son infelices. Se les explicó que: “Así son las cosas”. No vieron que su padre se dedicara tiernamente a su madre, ni que su madre apreciara a su padre. Solo vieron ojos mirando al vacío y labios que intercambiaban información con apatía. Esta gente solo vio señales de vida —vida vibrante— durante los ruidosos partidos de fútbol. ¡Cuán trágico e irónico! Esta tampoco es la clase de vida que nosotros queremos. Tanto las normas como las actividades han sido ordenadas por Dios: huesos y carne. Lo mismo se aplica a la iglesia local.  

La membresía de la iglesia local por Jonathan Leeman
Serie 9 Marcas de una iglesia saludable.

Un asistente pasa a ser miembro de una iglesia cuando, luego de comprobar que su profesión de fe es genuina (realmente su vida fue transformada por Cristo) es bautizado y empieza a compartir la Cena del Señor. Tanto el bautismo como la Cena del Señor son las señales externas que representarían la evidencia interna de estar unidos al cuerpo de Cristo.

Es decir, la Biblia nos llama a «hacer discípulos» (Mate0 28.19) y no conformarnos con personas que simplemente asisten a una iglesia. La idea equivocada de muchas personas acerca de la iglesia es que solo la ven como un círculo social del cual se pueden beneficiar. Les gusta cantar, escuchar mensajes y beneficiarse de la compañía de otras personas, pero nunca piensan en sí mismos como discípulos y las demanda del evangelio para su vida. El Señor Jesús dijo que hay que enseñar a los discípulos que guarden todas las cosas que él ha mandado; por lo cual la categoría de simple asistente no debería ser para siempre, sino temporal, pues es lo que la Biblia pide.

No se puede obligar a una persona que sea miembro de la iglesia, pero no cabe la menor duda que bíblicamente debemos exponerle a la persona, que dice ser cristiana, todas las demandas del evangelio por el bien de su alma. Esto se logra a través de charlas personales. Aquellas personas realmente nacidas de nuevo no tendrán problema que sus vidas sean examinadas a la luz de la Biblia.
Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sus obras sean manifiestas que son hechas en Dios. (Juan 3:21).

 Si una persona evita ser examinada a la luz de Biblia… prefiere mantener su espacio privado… nunca quiere comprometerse con nada… nos preguntamos:
– ¿Es una oveja del Señor que quiere ser pastoreada?
– ¿Es un discípulo que quiere seguir al maestro?
– ¿Es alguien que quiere la luz o prefiere la sombra del anonimato espiritual?

Lamentablemente hay iglesias que fomentan en las personas un tipo de «union libre» o «concubinato espiritual» y nunca enfrentan a las personas con las verdaderas demandas del evangelio, dicen: «-Mientras ocupen un asiento en la iglesia está bien«. Este tipo de posturas no tienen nada que ver con el plan de Cristo para su iglesia.

Por eso Dios llama a los cristianos verdaderos no solo a que asistan a una iglesia, sino que sean parte de la membresía de una iglesia. No que vengan a la iglesia, sino que SEAN LA IGLESIA.

Una iglesia que toma la membresía en serio es porque toma el evangelio en serio.


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¿Qué tiene que ver mi cristianismo con asistir a las reuniones de la iglesia? (7 argumentos)

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1. Los creyentes que asisten fielmente confirman el poder del evangelio y apoyan el evangelismo, mientras que los que no asisten lo hacen más difícil.
Jesús dijo: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn. 13:35). Jesús oró por la unidad de sus discípulos, «para que el mundo crea» que el Padre envió al Hijo al mundo (Jn. 17:21). Para que el mundo vea nuestro amor y unidad debemos congregarnos juntos regularmente. Todos los que llevamos el nombre de Cristo – siendo afirmados por una iglesia local y llamándonos «miembros» – pero quienes voluntariamente eligen vivir sus vidas fuera de la comunidad pactada de creyentes están practicando robo de identidad. Han tomado el nombre de Cristo pero no se identifican honestamente con su cuerpo, la iglesia local. El vivir vidas sin rendición de cuentas hace que el evangelismo sea más difícil para los cristianos porque a menudo no están viviendo como cristianos.

2. Los creyentes que asisten fielmente confirman las vidas centradas en Cristo a los nuevos creyentes, mientras que los que no asisten los confunden.
Los nuevos creyentes necesitan buenos ejemplos (Hch. 18:24-26; 1 Co. 11:1; Tit. 2:2-6). Cuando la doctrina que se les ha enseñado no coincide con los ejemplos que ellos observan en los que no asisten, son confundidos. Ellos fueron llevados a creer que una persona puede ser «cristiana» y a pesar de esto tener poca o nula conexión con el cuerpo de Cristo. Los creyentes que no asisten no solo dan mal testimonio (vea el punto anterior) sino que también son malos ejemplos. Ellos pasan por alto y no obedecen innumerables pasajes de la Escritura y fallan al no reflejar el carácter de Dios en las maneras más básicas, a pesar de que aseguran haber sido adoptados por Dios.

3. Los creyentes que asisten fielmente animan a otros creyentes regulares, mientras que los que no asisten los desaniman.
Una razón de congregarnos regularmente es con el propósito de ser alentado personalmente. «Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca» (He. 10:24-25). Cuando una iglesia permite que los creyentes que no asisten regularmente continúen siendo miembros efectivamente han perdido el significado de la membresía; esto lastima y desalienta a los que son fieles.

4. Los creyentes que asisten fielmente confortan a sus líderes por adherirse a la verdad, mientras los que no asisten los preocupan.
He. 13:17 dice: «Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta». A la luz de este versículo un pastor o anciano fiel debe sentir la responsabilidad del estado espiritual de cada oveja de su rebaño. Como la preocupación de un padre al ver que ya son altas horas de la noche y su hijo aún no regresa, el pastor no descansa hasta que ha contado todas sus ovejas. Los creyentes que no asisten regularmente hacen este trabajo casi imposible.

5. Los creyentes que asisten fielmente están en posición de exhortar, corregir y animar a otros miembros de acuerdo a la Palabra de Dios, mientras que los que no asisten no.
Debido a su ausencia, los creyentes que no asisten tendrán casi imposible saber cuándo o cómo es que los otros miembros de su iglesia están cargados por pecados o sufrimiento. Por otra parte, cuando los miembros de una iglesia están presentes y comprometidos pueden hablar la verdad en amor unos a otros de la misma manera que el Señor exhortó por medio del apóstol Pablo: «sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor» (Ef. 4:15-16).

6. Los creyentes que asisten fielmente estarán creciendo continuamente en su salvación, mientras los que no asisten no.
«Desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación» (1 Pe. 2:2). Puesto que Dios ha dado medios específicos por medio de los cuales los cristianos crecerán en la fe, descuidar estos medios sofocará la salud y crecimiento espiritual. Escuchar la Palabra de Dios predicada, cantar la Palabra de Dios en adoración congregacional y servir el cuerpo de Cristo de acuerdo a la Palabra de Dios son solamente algunos ejemplos de la gracia que se nos da para nuestra santificación. Estos medios de crecimiento espiritual están disponibles primeramente a quienes asisten fielmente a las reuniones de la iglesia.

7. Los creyentes que asisten fielmente serán ayudados a perseverar en la fe, mientras que los que no asisten ponen en peligro sus almas.
Es verdad que somos salvos solo por gracia, por medio de la fe en Cristo, y al mismo tiempo es verdad que Dios usa a la iglesia local para ayudarnos a perseverar en la esa fe salvadora. En la carta a los Hebreos, encontramos que una de las principales maneras en las que somos guardados de la apostasía es por medio del fortalecimiento espiritual que obtenemos de otros hermanos (He. 3:12-14; 10:19-31; 12:25-13:17). Como se ha clarificado en todos los puntos anteriores, nosotros necesitamos de otros creyentes para combatir el pecado y seguir a Jesús. Esto significa que mientras tu asistencia a la iglesia no te hace ganar la salvación es algo que Dios usa para ayudarte a perseverar en fe y a entrar en el reposo final que ha puesto Cristo delante de nosotros (He. 4:6-16). Estas preocupaciones tienen un peso celestial sobre los ancianos de DRBC, como lo debería ser en toda la congregación. Somos llamados por Dios para amarnos los unos a los otros y estamos obligados por las Escrituras a cuidar unos de otros asegurando que estamos cumpliendo nuestro compromiso con el Se- ñor y unos con otros (Gá. 6:1-2; 1 Ts. 5:11; He. 13:12-13). Esto lo hacemos porque, por la gracia de Dios, nos preocupamos profundamente por el honor del Señor y el bienestar de nuestras almas. Por todas estas razones, no podemos permanecer inmóviles cuando un miembro no se está congregando regularmente (1 Pe. 5:1-3). En estas situaciones, los ancianos guiarán a la congregación a consultar el estado individual y si es necesario lo animarán a honrar su responsabilidad de congregarse regularmente. Si el miembro no responde a las preguntas de los ancianos o no proporciona una explicación adecuada para su inasistencia nosotros seguiremos el mandato del Señor Jesús como lo refleja los documentos de gobierno de la iglesia y presentaremos el nombre del miembro a la congregación para ser removido de la membresía como un asunto de disciplina (Mt. 18:15-18).

Extraído de la Revista 9Marcas | Edición #4 | La membresía de la iglesia – Por Garrett Kell