No asistimos a la iglesia como consumidores, sino como adoradores

No asistimos a la iglesia como consumidores, sino como adoradores

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Alguien pasa a hacer la lectura y se tropieza con una larga lista de nombres hebreos que no se había preparado para pronunciar. La diapositiva de PowerPoint se atasca —otra vez. Un congregante inusualmente entusiasta con voz inusualmente fuerte sostiene la última nota de cada canción más larga que todos los demás, lo suficiente para que algunas personas se rían nerviosamente, mientras que otros hacen una mueca. (...) Lo admito: estas peculiaridades y errores humanos a veces me exasperan. “¡Estoy aquí para enfocarme en el Señor! ¡Tu torpeza me distrae de la adoración!”, murmura mi corazón fariseo. Quizás el problema real no sea la torpeza de los demás, sino nuestras expectativas de la adoración corporativa. (...) A estas expectativas las llamo “intuiciones de consumidor”. No son necesariamente malas o equivocadas.…
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